Antología hispanoamericana
de "Hojas del Caminador"
Tú que estás en el filo del aire,
replegado
sólo en ti como un escudo fuerte
templado
magnánimo
oscuro,
resplandeciendo furia y grito.
Tú,
aparecido en las montañas
en un galope amortiguado
y despierto en el río como una piedra-centella.
Tú
que eres mi nombre y mi paciencia
mi letargo de presa y perseguidor:
Yo misma.
IRMA CUÑA
(Argentina)
*****
¿Para qué acontecimiento desconocido has preparado tu casa
como si toda ella fuera una sola ventana?
¿Quién va a llegar para ser sometido al gran recibimiento,
en esa casa que has cavado en el aire?
¡Llegará, llegará lo misteriosamente esperado!
Habrá alegría en el rostro de tu mujer, tus niñas
y tus palomas en el tejado.
Y aunque no tengas casa, deja la puerta abierta.
HUGO LOYÁCONO
(Argentino)
*****
Nace de nadie el ritmo, lo echan desnudo y llorando
como el mar, lo mecen las estrellas, se adelgaza
para pasar por el latido precioso
de la sangre, fluye, fulgura
en el mármol de las muchachas, sube
en la majestad de los templos, arde en el número
aciago de las agujas, dice noviembre
detrás de las cortinas, parpadea
en esta página.
GONZALO ROJAS
(Chileno)
*****
¿Pero es posible esta ciudad incendiada
en los chivatos?
(Con qué temblor en celo el río la circunda,
y le engendra ese rojo clarín de la hermosura.)
¿Por qué sólo en Corrientes el sapucay inflama?
¿Algún payé resguarda el hilo de su gracia,
los mágicos corceles del agua que la surcan?
Chivato: árbol de flor roja
Sapucay: grito de aliento
Payé: talismán
SOFÍA ACOSTA
(Argentina)
******
No es el viajero,
es el viento que repite su colina.
Canta,
monstruo, descendiente de una sombra que se ata
a las mismas estrellas.
No es el camino; es el Universo que levanta
dos blancas caravanas que alejan tanto tiempo.
Canta,
¿quién sabrá, allá en el fondo de las constelaciones
de ti, que desatabas la luna entre los siglos?
Canta,
oh, duro, último nombre de la tierra..., poema.
MIGUEL ÁNGEL VIOLA
(Argentino)
*****
Todos llevamos, como Eneas, a nuestro padre
sobre los hombros.
Débiles aún, su peso nos impide la marcha,
pero luego se vuelve cada vez más liviano,
hasta que un día deja de sentirse
y advertimos que ha muerto.
Entonces lo abandonamos para siempre
en un recodo del camino
y trepamos a los hombros de nuestro hijo.
HORACIO CASTILLO
(Argentino)
*****
Oh sombra,
rostro mío sin arrugas.
He entrado en ella
como en una momia
y he sentido
el olor de los siglos.
¿Y si tal vez perdiera
la sombra en un recodo
y en buscarla me pasara los días,
añorando su sombrío equilibrio,
su porfiada costumbre,
con la idea
de que en su abstracto sueño,
por su razón oscura,
soy, existo?
CARLOS ALBERTO DÉBOLE
(Argentino)
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No quiero en mi existencia la retórica justa
de mi cuerpo
ni horas de descanso al sol por los fríos
ni la tibia piel a la hora del té con Margarita
ni el ovillo ni el gato ni la rosa pueril
sin alimento
ni la sal blanca de una sola memoria
ni el día exhausto en que mueren los peces
ni otra muerte ni otra sombra
ni el hambre perpetuo de paredes
ni el abismo
Sólo ir al combate de los hombres
formar esquinas
hacer la sangre de mis prójimos muertos
desenterrar
abrir la vida.
(Mérida, abril de 1977)
JUAN CRISTÓBAL VILLAFAÑE
(Argentino)
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El pentagrama de la vida está vacío
y sin embargo
una voz pausada se abre paso
entre los resquicios de nuestras palabras
invade la arquitectura del lenguaje
y canta
como si el pentagrama de la vida
fuera capaz de crear su propia nota.
Al fin ceden las palabras. Entre ruinas
comprendemos que vivir
es construir la arquitectura del silencio
sin otro fin
que sostener esa nota verdadera
que ha creado el pentagrama de la vida.
El pentagrama de la muerte también está vacío
pero es incapaz de crear su propia nota.
GUILLERMO BOIDO
(Argentino)
*****
La noche carcome mi corazón.
Un fulgor de origen
anima su semblante.
Esta noche cuento mis muertes
como el avaro sus monedas
o un niño las estrellas.
**
Sucede que me olvido
de ser culpable
tal vez por eso
blancos cadáveres
bailan en mi corazón
y el destino huye
y la muerte vaga por las calles
en busca de mis manos.
ALEJANDRA PIZARNIK
(Argentina)
*****
Homenaje a Alejandra Pizarnik
Se volverá incansable
su mirada de roble
Recibirá la conmoción del aire
en su ventana oscura
Pero no olvido el cuerpo de su voz
de su tallo abatido
(1972)
ALBERTO LUIS PONZO
(Argentino)
*****
Los rostros que has ido abandonando
se han quedado debajo de tu rostro
y a veces te sobresalen
como si tu piel no alcanzara para todos.
Las manos que has ido abandonando
te abultan a veces en la mano
y te absorben las cosas o las sueltan
como esponjas crecientes.
Las vidas que has ido abandonando
te sobreviven en tu propia sombra
y algún día te asaltarán como una vida,
tal vez para morir una vez sola.
ROBERTO JUARROZ
(Argentino)
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Toco tu cuerpo y mido
el tamaño del mundo.
(Un día despertamos,
adultos, a la muerte:
la Historia, que nos hace
y también nos deshace.)
Un día se revela, nítido,
en circunstancias:
Cuerpo solo y desnudo.
RODOLFO ALONSO
(Argentino)
*****
Y qué pondré en mi barca
-barca solitaria
donde apenas cabemos mi memoria y yo-
qué pondré en mi barca
con qué jirones de mi piel haré las velas
para salir huyendo del olvido.
A qué escondite de la memoria será necesario acudir
para que sea recobrado ese conjuro
propiciador de tu recuerdo.
(Hoy
amor mío
temo comenzar a olvidarte)
ALBERTO LAGUNAS
(Argentino)
*****
Uno llama al dolor de mil gritos
pero el dolor está en la sangre,
y a uno le han negado la sangre del dolor.
Golpea.
Te mirarán desentendidos,
como cuando se llama
a otro nombre, a otra cara.
Golpea.
No dejes de golpear, César Vallejo,
desde inanidad de la palabra,.
desde el hacha.
Piedra en piedra
no parto tu dolor.
Hambre en hambre,
no muerdo tu dolor.
César Vallejo,
ten piedad del alma
IRMA CUÑA – 1958
(Argentina)
*****
sentado junto al borde de la desesperanza
mirando cómo el tiempo se babea en mi patio
invento estas palabras
que no son siquiera lo mejor de mí mismo
aquí dentro está oscuro
y hay viento y hay gemidos
por todos lados donde voy gotean
como pequeñas muertes como cantos
sentado junto al borde de cualquier estropicio
deshojando unas flores inclementes y mustias
la soledad se mira en mi sombra olvidada
si alguien abriera ahora la puerta de mi casa
para mostrarme el mundo como yo lo soñé
le diría simplemente que es tarde
que es muy tarde
porque cuesta trabajo descoser la tristeza
limpiar todas las furias que se han derramado
frotar esa sonrisa que no uso hace tiempo
y amar a todo viento como hace mucho amé
porque cuesta trabajo volver a ser el hombre
que calentaba pájaros bajo el sol de su casa.
ROBERTO DIAZ
(Argentino)
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UNA GATA
Ante la negra soledad de la casa, se fue.
Como quien da vuelta la página definitiva.
Entre los fierros de la herrería de Lorenzp se hizo arisca..
Al penetrar en un túnel de movediza sombra
se habrán borrado sobre su lomo mis manos infantiles.
UN PERRO
Bravamente enfrentabas a las víboras
pero vienes a mí en una pacífica hazaña.
Toda una mañana estuvimos en la laguna
henchida frente al monte de mimbre.
Volvías con el madero que arrojaba el agua.
Otra vez me inclino para recibirte en la orilla.
FULVIO MILANO
(Argentino)
*****
¡Cuántos se va a entristecer cuando me muera
en el lugar de mi tristeza
y cuántos reirán en el rincón de mi alegría
en la continuidad hermosa de mi vida
como si fuera yo y lo viera!
Uno siempre está aquí
y cada día sabe más y menos
se aumenta o disminuye con los días
dejando un poco de uno en ellos
para una flor, un pájaro, una nube
el resplandor en el colmillo de una fiera
la vibración de nuestra sombra en el silencio
y por amor cuando se está en la sangre
de las estrellas en los ojos de los ciegos...
Cuando me muera, quedaré.
HUGO LOYÁCONO
(1921-1979)
*****
Nostalgias como grandes goterones
en el techo de zinc, que la niñez
no olvida.
Sobra del plátano sobre
ladrillos del veredón
donde flamearon las polleras
de las niñas.
Años con perfume de malvones
y las infinitas estrellas que nos guían
y el acordeón nostalgioso de Pedrito.
Fantasía, extendiéndose más allá del tiempo,
más allá del campo del girasol que gira.
Años en que rondaba parsimoniosamente
la rueda del molino.
Años de corazones esperando el estío.
Cuando el invierno no ganaba el torpor
de nuestros huesos y era todo nuestro:
El sol, el pan, la lluvia corriendo
desnuda en los caminos...
JORGE ISAÍAS
(Argentino)
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Dicen que los sueños se difuminan en la materia
y derraman su neblina
como hermanos del olvido.
Quién rescatará su sustancia vital
para incorporarlos a la vida?
Sólo los marginados de este mundo
los que cuestionan tanta herida abierta
un contorno de crímenes en nombre de la realidad.
Oficio de poeta al fin
él no admitirá los nudos de las cicatrices
donde se ata la fisura final.
Ni doblará la rodilla
frente a la oscura
a la sombra que el derrumbe
impone.
GUILLERMO ARISPE
(Argentino)
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Simular la vida
es no tenerla;
pero hay que conocerla
profundamente
para simularla.
como un texto
aprendido de memoria:
sin sangre
sin una mísera llaga
Un tren sin nadie.
A cada instante llegan trenes vacíos
en estaciones custodiadas
por guardianes sin rostro,
que renuevan lámparas
como palabras que se incendian
secretamente.
ANTONIO ALIBERTI (1938-2000)
(Argentino)
*****
botellas bebidas
cercan nuestras palabras
se consume
en vapores
el verano
apaga la calle
sordos ruidos
paraísos en flor
dos gatos luchando
fieramente
un frasco
de mayonesa vacío
el motivo de tanta lucha
ESTEBAN MOORE
(Argentino)
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1
Yo no vivo de las cosas que amo.
Las cosas que amo viven en mí;
me consumen
y así las conozco.
2
Lo bello es tan bello
que
no dan ganas
de intentarlo.
3
Porque creyeron
lo que antes no habían visto
no creen ahora
lo que sus ojos están viendo.
SALVADOR GRASSO (1908-1976)
(Argentino)
*****
Cavan y asedian las hormigas, tercas,
lidian con el terrón y las lombrices,
inventan laberintos, saltatrices
de los patios medrosos y las cercas.
Como tornillos fieles, como tuercas
comprimiendo los tallos, aprendices
de ese mundo molido en las raíces
y en las cuencas de estériles albercas.
Deglutidoras nómades, palpables
las mochilas de luto y las antenas
con mensajes cifrados, codiciables
en un tiempo salado de agoreros,
cuando entre mataduras y gangrenas
las hormigas trituran los corderos.
LUIS RICARDO FURLAN
(Argentino)
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Ya no trabajas en los vaciaderos con tu hermano robot. Ya no hurgas, en la tierra sagrada, para examinar los sueños que te obseden. Ya no destruyes los almendros para limpiarlos de enemigos. Ni te inquieta una rosa al borde del volcán.
¿Y por qué has perdido?
Caminaste, es verdad, entre amenazas de muerte, en dirección contraria al crepúsculo. Caminaste la noche entera por la extraña llanura. Pero aquí donde llegas está el amanecer que te esperaba, está la riqueza que te esperaba lejos de los tentáculos y de las manos que imploran.
RAÚL GUSTAVO AGUIRRE
(Argentino)
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El apretón de manos y el cómo estás
y después de eso el singular acecho de lo que vamos a decirnos
hábiles cazadores de palabras y gestos que van dándonos pautas
de lo que somos o queremos ser
y consecuentemente de todo lo que fuimos
difícil construcción que vamos levantando cautelosamente
con miedo a quebrantar la delicadísima forma que se va
Vislumbrando
manteniendo la óptima distancia entre sufrimiento y lucidez
mientras el tiempo nos devora todo lo superfluo
café y tabaco
para rescatar finalmente el laborioso fruto
y la impecable herramienta.
ELVIRA AMADO
(Argentina)
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MI CORAZÓN ENTIENDE DE OTRAS COSAS
Siempre estoy jugando a perder,
cortándome las manos, reprimiendo la furia,
cayéndome de espaldas, de frente, de perfil,
pero siempre cayendo
como si yo no fuera más que una caída.
Siempre buscando lo más sucio
(o buscando lo limpio y encontrándolo sucio),
siempre con esta rabia atragantada
y unas ganas terribles de golpear contra el mundo.
Pero mi corazón entiende de otras cosas,
mi corazón se sube a las muchachas
y corre por sus vientres.
Se sabe de memoria cada uno de mis sueños
y espera una señal
para venirse corriendo como un loco
con los ventrículos abiertos
y darme un gran abrazo.
Mi corazón entiende de otras cosas,
por eso me da pena que se quede tan solo.
(De “30 poemas escritos en invierno”. Premio El Bardo 1978,
Barcelona, España).
ADRIÁN DESIDERATO
(Argentino)
*****
El hombre que ahora escribe,
con mano que se cierne mortal,
escribe para los ojos de la muerte.
Busca un lugar de reunión.
Árboles desaparecidos y futuros,
las fuentes que no cesan, circulares,
tus ojos y su boca:
¿hay una plaza
sin nombre, adonde dan todos los días?
Busca un lugar de reunión,
escribe para los ojos de su muerte.
ALEJANDRO NICOTRA
(Argentino)
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I
De soledad
se llena mi naufragio
II
Tanto silencio
no entiende
por qué canto
III
Como
un viejo dolor
calla
y espera
La muerte
es un sueño
que me sueña
CARLOS VITALE
(Argentino)
*****
Todo tiene la edad de los imperios.
Todo menos tu mano en el hallazgo,
tu risa que madruga entre los muros.
Solamente nosotros somos nuevos.
Calle angosta y memorias adheridas
Resbala un nuevo sol por la pendiente.
Adentro de tu nombre hay otro nombre
Que ella dice en voz baja y caminamos.
GUILLERMO MARTÍNEZ YANTORNO
(Argentino)
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Mi vida tiene
más ahogados que el mar
pero no su paciencia.
También un corazón, que el mar no tiene,
con algas para los dos.
A él lo rodean arena y piedra
y a mí el aire o la gente que conozco,
y arremeto ante el aire porque sí
como él hace
porque sí..
Y yo me moriré,
Y ya no estaré solo,
Y yo me moriré.
EDUARDO D’ANNA
(Argentino)
*****
Si pudiera acabar con este incontrolado vértigo
y encontrar la medida de esas rondas señales
que hacen en oscuras celdas interiores
si tuviera el valor de desandar lo hecho
y llegar hasta el nudo central de la palabra
compartir la vigilia, el singular alumbramiento
si juntara la sed, el pulso, la mirada
la vulgar avaricia de los pequeños actos
y las abandonara a expensas del más primario instinto
si tocada el dolor, el exilio, la duda,
por unas pocas sílabas decisivas y últimas
y si aún así no hallara la razón de esta necesidad de ser, amar y fabular
o morirme en cubierta
bajo una soledad de plomo o rojo alucinante,
Por Dios, no quisiera asumirlo
ciertamente inmoral como he sido
ENRIQUE PUCCIA
(Argentino)
*****
El sueño, esa nieve dulce
que besa el rostro, lo roe hasta encontrar
debajo, sostenido por hilos musicales,
el otro que despierta
**
Empapado de abejas
en el viento asediado de vacío
vivo como una rama,
y en medio de enemigos sonrientes
mis manos tejen la leyenda,
crean el mundo espléndido,
esa vela tendida.
JULIO CORTÁZAR
*****
En la poesía de Juanele
las palabras
descansan
plenas
o
casi plenas
Se han acercado
a la música
atraídas por la intimidad
del universo
y suspendidas
de todo “azoramiento”
danzan
“hacia las islas azules”
En la poesía de Juanele
las palabras
naturales de él
e inquietantes
se han acercado
al silencio
plenas
o
casi plenas
CARLOS PICCIONI
*****
A Guillermo Boido
Aludo
aludiré
y es sólo roce
festín de humo
poquedad
y tanta noche
No hay certeza para vos
alma anublada
no hay figura
no hay color
que no vacilen
no habrá tinta
ni papel
donde saciarse.
SANTIAGO KOVADLOFF
*****
El hombre que habla y devora sus palabras,
teje una fábula en su tierra.
Y el aire invade los verbos de su raza.
Así cayó esta zarpa en mi inocencia.
Así creció mi orgullo en este mundo.
**
Muertes que son un signo
Muertes que son un arma
Para volver al ritmo del candor
He aquí un orgullo terrible
Para dormir sobre el puñal caliente de la gracia
He aquí los tóxicos finales
Secreta juventud
Pérdida infame
JULIO LLINÁS
*****
No me lleves a sombras de la muerte
Adonde se hará sombra mi vida,
Donde sólo se vive de haber sido.
No quiero vivir del recuerdo.
Dame otros días como éstos de la vida.
Oh no tan pronto hagas
De mí un ausente
Y el ausente de mí.
¡Que no te lleves mi Hoy!
Quisiera estarme todavía en mí.
Hay un morir si de unos ojos
Se voltea la mirada de amor.
Y queda sólo el mirar de vivir.
Es el mirar de sombras de la muerte.
No es muerte la libadora de mejillas
Esto es muerte. Olvido en ojos mirantes.
MACEDONIO FERNÁNDEZ (1874-1952)
*****
Hace millones de noches,
al cabo de otros tantos dolores
se puso en marcha. Y caminó.
Anduvo la historia, las vidas, los caminos;
pasó entre la pequeña y la gran gente,
se volvió comprensivo y silencioso,
es decir sabio. Y caminó.
Sólo una vez, una sola vez
debió responder y dijo: voy
en busca de un espacio sin hostilidad,
de un trato sin humillación.
MARCOS SILBER
*****
Viajando en tercera he visto
un rostro.
No todos los rostros de mi pueblo,
óvidos, claudican.
He visto un rostro.
Ni todos doblan su papel en barquichuelos
para charco. Viajando he visto
el rostro de un huertero.
Ni todos ofrecen su faz al látigo del “no”
ni piden.
La dignidad he visto.
Porque no sólo fabricamos huérfanos,
o bien, inadvertidos,
criamos cuervos.
He visto un rostro austero. Serenidad
o sol sobre su frente
como un título (ardiente y singular).
Nosotros ¡ah! rebeldes
al hormiguero
si algún día damos
la cara al mundo:
Son los rasgos usuales de la Patria
¡un rostro enseñaremos!
PABLO ANTONIO CUADRA
(Nicaragua, 1912)
*****
Al poema lo debió buscar
como buscaba el pan.
Nadie, ni la fuente inspiradora,
le golpeó la puerta y le dijo:
Poeta, aquí tienes,
sacia por hoy tu hambre.
Poeta, aquí tienes,
Sacia por hoy tu hambre.
**
Amen si quieren a todos los poetas,
ámenlos, léanlos, y cuídense
de los más débiles.
Ellos, iluminados, pudorosos, pulmonares,
testimoniaron tenuemente su época.
HUGO DIZ
*****
Puedo esta tarde
sentir que la vida me acaricia la cabeza.
De algún oscuro modo
mis tormentas y el crepúsculo se están reconciliando.
De pronto la tristeza
-aullido de otras noches-
se ha marchado.
Y el mañana
es una gota azul mojando el aire.
JORGE L. LÓPEZ AGUILAR
*****
Esta es la selva
su luz innumerable
monedas de rocío no cesan de caer
aquí amigos y enemigos
yacen juntos
jadean tienen hambre
agonizan de a ratos
dicen que aman
el cáncer en secreto roe sus genes
polvo
en el polvo
seguiremos reptando
hasta agotarte
tristeza
LUISA PASAMANIK
*****
1
Palabra. Espacio del misterio. Sombra del secreto inaccesible. Ruido que atraviesa paredes de silencio. Palabra. Dí tu voz y deja en mis labios la llave soñada. Con ella abriré tu puerta de pronto para sorprenderte y amarte. Y te diré cuánto esperé ese instante para decirte, sin palabras, mi alegría.
2
Recluido por los carceleros del tiempo y del espacio –infinito antes que nacieran las palabras “desde” y “en”- he logrado, por fin, evadirme hacia mí. Y aquí estoy, héroe gozoso de mi soledad, dispuesto a defender mi muerte con las armas del eterno retorno a la vida.
SIMÓN KARGIEMAN
*****
Bellamente disuelta en el follaje
una joya movida del silencio
verde de longitud
errante precipitadora de relámpagos.
¿Es acaso
la que hace llover las plumas de los pájaros?
**
El remolino
escudo furioso de la piedra
sonríe
en espantosa escena de amor con las barrancas.
En acompañamiento
las flores que adornan las avispas
la espuma que acosa los albores del río
se hunden en los matorrales.
JULIO SALGADO
*****
decir
una mujer se parece a una catedral
es mezclar el arte con la naturaleza
una mujer sólo se parece a sí misma
reino velado, luz de tinieblas
hueso duro de roer
una mujer es obvia, impenetrable.
JORGE RICARDO
*****
Aquí las cosas queman
como las colinas queman
la sombra de los aires...
Es inútil
aguardar de la noche
bocanadas de agua,
el sol se repatria en la sombra
y raya nuestra mirada.
El océano,
el diablo llameante,
han destrozado nuestra noche.
¡Vivienda de pajonales!
FRANCISCO MADARIAGA
*****
El arquero, un paso al frente, imitación de la
grulla en la quietud anterior al graznido.
Abre su posición, la mano imita al arco.
Los ojos buscan la diana en sus pupilas.
Rocío
(el arquero a punto de captar la imagen
al alba).
Surca la flecha, pasa.
El arquero, inmóvil, la mirada fija en la
arrogancia de su esterilidad.
JOSÉ KOZER
(Cuba)
*****
El mismo hombre de ayer mira las
increíbles estrellas.
Piensa en las cosas que el otoño nombra;
en el día, como el eco de una plegaria inútil.
Están en él la breve madurez del verano;
las presencias, dispersadas en un beso profundo.
Entonces se sabe último,
un recuerdo que se olvida en secreto.
La línea del tren se ahoga en la llanura.
La juventud deshecha mira las increíbles
estrellas de ayer
ROBERTO FAGGIANI
*****
Cuando corremos y caemos riéndonos
Abrazados confundidos con la alegría de la tierra
La doble carcajada o centella de dos puntas
Estremece los montes y retumba
De valle en valle y tiembla ese verdor de árboles
Y sube al cielo de ojos rientes celestísimos
Y rueda por el mar de olas que también se abrazan
Y ríen con su risa de gozosa espuma
La blanca carcajada que rodea el mundo.
JUAN CUHNA
(Uruguay, 1910)
*****
Yo lo recuerdo.
Alguien dio la señal
y un rayo de luna puso el dedo en la llaga.
Ahora,
solos,
entre ella y yo
que el amor sea lo que pocos se atreven a vivir.
Lo repito una vez más,
Aunque a veces se sienta caer la noche como si
estuviera sentada a la diestra de la boca de lobo,
por su resplandor de delitos pasionales
y música de pieles que se rozan con violencia
yo ofrezco mi cuerpo del que no quiero desprenderme.
Homenaje.
CARLOS LATORRE (1916-1979)
*****
Sangre
despavorida.
Sangre adversa.
**
Hay una profecía
desollada
en el ferocidad del desconsuelo.
**
Lan dignidad humana
denuncia servidumbres
esgrimiendo
su antigua luz de huesos.
**
Perdido
el paraíso
el ángel
es un hombre sin regreso.
ANA EMILIA LAHITTE
*****
33
Todo el oro del mundo
el arsenal de una super-potencia
la sangre del dictador más cruel
que pueda imaginar la mente o el cerebro
no podrán compararse
al más simple poema de un poeta.
43
Mienten los que afirman la muerte.
Aquí en la tierra
y en el super-espacio,
en mis dedos, en los labios,
en los sexos hermosos,
en la flor, en el agua,
en todo lo que tiembla, respira,
se hace luz, se hace canto,
Existe el vibrar de la vida.
Mienten los que hablan de muerte.
ARIEL CANZANI D.
(1928-1983)
*****
Sabemos
que señalando las alturas
algo de nuestro rostro
se queda
en la ferocidad del infinito
y que cuando caemos
en el nudo del sismo
nuestros cuerpos meditan
el radiante flagelo de sus sombras.
Somos
lo que creemos
porque el clima parece
despojar su poniente
cuando una rama pierde
su sonido de sangre.
Nos quedamos desnudos
sujetos a la brizna
más leve del crepúsculo.
El que encontró la magia
es un ciego que guarda
su brillo en la tormenta.
LUCÍA CARMONA
*****
Escuchaba mi nombre sin reconocerlo
y alguien lo repetía como una
mordedura lejana
resonaba extenuado
Qué lejos están
los que hicieron con mi nombre un globo de luces
y lo rompieron
sin tocar todo el cielo.
CLARA FRANCO
*****
1
Hemos cambiado nuestro destino de dioses
por un destino de mercaderes.
13
Del vientre al alma una sola agonía.
18
Un sueño me interpreta. No sé si me comprende.
35
Escribir con la velocidad del sueño, el sueño que soñaré.
63
Escribe condenado. Escribe infinito.
MIGUEL ÁNGEL BUSTOS
*****
Niégate, si esto quieres, y confúndete de una vez
con la tiniebla,
pasa como el brillo del día sobre el agua:
ni una huella dejes
ni la más leve imagen tuya
dejes aquí,
devuélvete a tu materia original, a tu nada colérica
cuando hayas terminado
si esto quieres,
pero antes
sé tú, sé inmensamente tú cantando contra la tempestad,
sé nosotros también
cantando contra las olas de la muerte,
sé tú y al mismo tiempo nosotros
hasta dolerte nuestra piel,
hasta sentir en tus huesos
nuestra cal, nuestro blanco alarido,
el mismo fósforo en que tu calavera se derrumba.
DIONISIO AYMARÁ
(Caracas, Venezuela)
*****
cae la hoja
el árbol se desploma
yo digo mi verdad
un libro es vertebrado
el campo se enverdece
ante la danza y el trigo
ante la fragua y la ría
el cerco y el pajonal
en soledad
compañía
digo tajamar ventana
sueño
verdad
buena andanza.
EDGAR BAYLEY
*****
Digo mi sueño abandonado
Hombre que has sollozado sobre tu mal
mujer que vendiste al cielo tu mirada
niños que sufren la dureza de lo oscuro
raíces sordas al rumor de las ramas
pájaros que no cruzan la orilla de su canto
aquí dejo mi sueño abandonado
HUGO LOYÁCONO
(1921-1979
*****
¿Qué se hace a la hora de morir? ¿Se vuelve
la cara a la pared?
¿Se agarra por los hombros al que está cerca y oye?
¿Se echa uno a correr, como el que tiene
las ropas incendiadas, para alcanzar el fin?
¿Cuál es el rito de esta ceremonia?
¿Quién vela la agonía? ¿Quién estira la sábana?
¿Quién aparta el espejo sin empañar?
Porque a esta hora ya no hay madre y deudos.
Ya no hay sollozo. Nada más que un silencio atroz.
Todos son una faz atenta, incrédula
del hombre de la otra orilla.
Porque lo que sucede no es verdad.
ROSARIO CASTELLANOS
(México – 1925-1974)
*****
Es posible que ese perro atado ladre
a estrellas que lo aturden con señales
o aúlle a quienes lo dejaron vigilando
para nadie, una casa abandonada.
Los vecinos se quejan porque no pueden dormir,
escuchar la radio o lustrar sus automóviles.
Mientras tanto yo le adivino colmillos azules
como el amor o la muerte y lo imagino altivo
como algunos hombres o como muchos perros.
Porque su sonido tiene algo de delicada insensatez
o de agonía, y ese sonido se impone por sobre las voces
desafinadas y rancias de la gente
mezcladas como al fondo de una olla.
Y porque es posible que yo esté atado también,
pero sin su convicción para ladrar y aullar
ahora que siento finalmente que me han dejado solo
vigilando una luz casi deshabitada.
NÉSTOR MUX
*****
Hipnotizado por la vida,
con un resabio de gusto a sí mismo
y algo de gusto a otras cosas,
semidios despeinado,
mensajero que ha perdido su rumbo,
absorto entre timbales y proclamas.
Nació como los hombres,
morirá como ellos.
Sin embargo, su misión era otra.
¿La habrá cumplido acaso?
Todo se disfraza de hombre,
pero la vida desmiente a los disfraces
y todos los mensajeros se confunden.
¿No andará también algún dios hipnotizado
perdido por la vida?
¿Y no será también él un mensajero?
ROBERTO JUARROZ
*****
SEGUNDA ILUMINACIÓN DE LA 15ª. CEREMONIA
oh tú que me ofreces las hogueras del Paraíso
mi piel se aplacaba bruscamente
al escuchar como de muy lejos
los engranajes de la maquinaria doméstica
cuando abriendo tu caja de labores
sacabas escondida entre tus hilos y tus agujas
la paz de la tarde
yo abría entonces todas las puertas de Universo
para dejar escapar el huracán de quietud
que a nuestro alrededor rondaba
a tu lado me sentaba
sosegado como después de amar
y me sentía poderoso
JUAN JOSÉ CESELLI
(1909-1982)
*****
CADA DÍA ES UN POZO, EL FONDO DE ALGO
Cada día es un pozo, el fondo de algo
que duerme ya sin ojos, nos acecha.
Cada día es un poco de tierra
que cede.
Cada día que pasa es una lástima.
Cada día es la puerta de una casa sin muros.
Cada día es un sol a media noche.
Cada día alguien pone
sobre un rostro
un espejo:
tú eres el vaho que el cristal aguarda.
CÉSAR CALVO
(Iquitos, Perú, 1940)
*****
"No vivimos más que para ser
Fieles a la vida."
Paul Eluard
Ahora tengo que andar.
El amor gotea desde mí
como una música monótona
y estremecida
que ilumina las puertas del mundo.
Hoy ya no puedo más que estar de pie.
Este es mi puño:
una estela de lágrimas lo besa
DANIEL FREIDEMBERG
*****
Cierto destino existe en su saludo,
acaso una premura vana
y un ademán que enseguida se aquieta.
Una sola es la palabra
transparente en el viento.
Advierto que su paso ya no teme
el claro desarrollo que alimenta.
Hoy los años vigilan su memoria.
Ahora su rostro se sosiega
hasta la calma viva del aliento,
y es así siempre al alejarse cuando
una dulce levedad lo entorna.
JULIO BEPRÉ
*****
El silencio escandaliza la memoria
que abre ojos en la oscuridad.
Pasión que habita las uñas
como desesperada esquina en la tormenta.
Trabajar las palabras
como aquella utopía de la dicha,
mientras la noche
balancea su sillón de vieja
y la mañana cae
sobre la sangre desparramada en las sábanas.
SERGIO MAURICIO
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8
Sumar como quien divide,
sumar sonidos para tratar
de aproximarse al silencio.
Sumar ausencias para alejar
la sospecha demasiado dilatada
de una presencia..
Sumar rastros que vuelven
sobre los propios pasos,
así como la liebre perseguida
retrocede en el momento justo
y hace que el salto del perro
caiga en el vacío de la liebre.
Es así como la caza se desdice
Y el cazador se convierte en presa.
La suma total de una cosa
es su mayor división.
LAURA CERRATO
*****
Si supiéramos celebrar a los vivos,
llamarlos sin motivo, solamente por verlos,
por llenarnos de riquezas visibles!
Si supiéramos festejar el azar
de estar juntos, de tocarnos, de vernos,
aceptado habríamos la dádiva
que significa un día
ALBERTO CLAUDIO BLASETTI
*****
[Fragmento]
Es tan duro vivir aquí, tan largo
durar con el designio de estar solo,
tan a mansalva es lo que transcurrimos
cuando ni el propio amor –como esperanza o hábito-
puede inferir ternura o sufrimiento,
cuando cada dolor vive en su celda
recelando entre el vago desgano de las horas,
entregado al azar de lo que arriba
para entregar la dicha o el oprobio.
La gente anda tristísima, solísima.
Dios debe haber sufrido tanto aquí.
HORACIO ARMAN
*****
[Fragmento]
Rarísima, desesperada
complicidad de los papeles.
Es muy lindo decir naranja,
pero la tinta cómo duele.
Cuánta fatalidad nos hace falta.
Yo no sé cómo hay gente que se atreve.
Me olvidaría de vivir
pero aprendí cómo se muere:
clavándose una lapicera
en el amor a la intemperie,
o resbalándose memoria abajo,
sin paliativos, infinitamente.
Y me pregunto para qué.
No hay apariencia que conteste.
MARÍA ELENA WALSH
*****
COMO UN RELÁMPAGO
Como un relámpago, el sueño
pasa la eternidad de la noche.
**
LA HISTORIA
La noche queda abierta
en la mirada de una piedra.
Su entrega ilumina
el vértigo sonoro del pasado.
LUIS ARGAÑARAZ
****
Y además de todo eso
tu cama
sostiene la pared
tu corazón
respira
y sostiene la pieza
la puerta duerme
Pero yo no puedo dormir
tengo que estar despierto
impedir que el invierno
arraigue entre nosotros
que no se apague el fuego
que no se calme tu corazón
que no se vayan a caer
estas piedras
sobre nosotros.
CARLOS V. ZURITA
*****
Debe haber algún lugar en nosotros mismos
donde cesa el combate de los contrarios
y no se juega más a cara o cruz
donde las cosas brillan con su propia lumbre
y la mirada resplandece en el silencio
dominios de doble blanco
donde se unen el agua y el fuego sin violencia
y nieva en el trópico sin cambiar de clima
y los hielos eternos calientan el cuerpo
y podemos vernos nacer y morir
en un movimiento de luna que se desliza
o viajar en constantes años-luz
hacia ayer para corregir las desgracias
o hacia mañana para anticipar los trabajos
detener los vencimientos
antes de hundirnos en algún núcleo
en algún hervor en alguna inmanencia
sustraídos al tiempo
máscara de la eternidad.
JUAN LISCANO
(Caracas, Venezuela)
*****
Los caballos oscuros de mi sangre
Manada de cuchillos y puños
Lluvia copiosa por tu piel
Pronunciándote siempre a favor del olvido
Y trotar sobre el mundo
Quiero decir
Sobre los incendios de tu cintura o cuello
Indomables y anónimos
Los caballos oscuros de mi sangre
Hijos del verano y la furia
En ceremonias y menesteres varios como
Sepultar este sol
En la humedad infinita de tus labios
Los caballos oscuros de mi sangre
Yendo y viviendo
Fatigados y solos
Pastando en la dulzura de tus ojos.
JORGE A. BOCCANERA
*****
Ojos de niño
donde el cielo vuelve a encontrar la desnudez
de las estrellas,
golpeamos llenos de horror
las voces que enlazan las palabras,
noches visibles
en nuestras manos sordas y en nuestros cuerpos
alimentados de muerte.
Respiramos los gritos
de la piel de los ríos que hienden desesperanzas
y corazones lúcidos del frío
que arrastran el agua obscurecida de la blasfemia.
JACOBO FIJMAN
*****
El vuelo secreto de la noche y sus aguas de frutas
maduras y salvajes.
Con su río de músicas el trópico avanza.
Es la sangre del pájaro que hace nacer al sol cada mañana
RUBÉN VELA
*****
¿Escribir o vivir? Acaso viva
mucho más ese hombre que ahora escribe
solo en el cuarto, con furor, insomne,
unos cuantos renglones azarosos.
La hoja en blanco lo invita a la aventura;
le hacen señas de fuego las palabras
que ordena y copia, corrigiendo un bosque
tachando una ciudad, adjetivando
con un nuevo fulgor lo que antes era
torpe y vulgar, oscuro, indiferente.
Del otro lado, por la vida –dicen-
transcurre el tiempo, el ruido, la rutina.
Allí, entre las paredes de su cuarto;
allí, entre las paredes de su cuerpo,
él elige escribir, asume el riesgo
de perecer o descubrir la cifra
de su destino oculto en las palabras.
Porque sólo por ellas ese hombre
que escribe está viviendo y tal vez viva
más allá de su muerte.
ANTONIO REQUENI
*****
Los pobres son muchos
y por eso
es imposible olvidarlos
Seguramente
ven
en los amaneceres
múltiples edificios
donde ellos
quisieran habitar con sus hijos.
Pueden
llevar en hombros
el féretro de una estrella.
pueden
destruir el aire como aves furiosas,
nublar el sol.
Pero desconociendo sus tesoros
entran y salen por espejos de sangre:
caminan y mueren despacio.
Por eso
es imposible olvidarlos.
ROBERTO SOSA
(Yoro, Honduras)
********
Después no habrá cuerpo ni mente.
Entonces, ¿a qué llamamos suceder?
¿A qué llamamos muerte?
Estuve hace un tiempo en este mismo lugar
que hoy veo por primera vez,
es un lugar extraño
muy conocido por los niños,
lleno de presentimientos,
de fantásticos arquetipos.
alguien pasó alguna vez por aquí:
llevaba las manos escondidas,
la vergüenza en el corazón,
alguien que tuvo mi mismo nombre,
que habitó mi espacio,
que fue mi cuerpo.
La velocidad del rayo,
el descorazonado sonido del viento
en la mirada de aquella adolescente,
pobre sombra, pobre alegría
ya vivida.
¿Qué esperas,
qué aguardas en el rápido ascenso hacia la nada?
Ella es lo único real
lo único que ganamos ciertamente.
LUIS IADAROLA
(Buenos Aires, 1931)
********
¿Vive la mujer que el hombre amó?
¿Vive todavía?
¿Vive el hombre que amó a la mujer?
La historia exterior los detiene
en cuadros cortados de una serie móvil,
posturas donde una mano se alza
y queda en el aire siempre,
la hoja de helecho en el aire detenido,
alguien que se vuelve y mira
de frente
la eternidad.
¿El niño llegó a crecer?
¿Se hizo hombre, escribe?
¿Sufre cuando escribe ahora
y fija de otro modo
esta escena?
Eterno es lo que no se mueve.
BASILIO URIBE
(Buenos aires, 1916)
********
Este día que acuesto
este día que corre inútil
a tientas diligente
este día que cae sin vida en otra parte
y duele aquí de lejos
escasamente queda entre las manos
este tiempo sin manta me trae ese recuerdo
cuando me sorprendías la inocencia
y entrabas como ahora
Con menos ruido claro
por la cerradura nocturna de la casa
y yo te escucho entrar
sin encender la luz
como entonces traías tu cansado universo
en los zapatos
y ese termo vacío en el bolso vacío
de tu hueco y más.
JOSÉ ANTONIO CEDRON
(Buenos Aires, 1945)
********
Nadie
le dijo nunca
cómo debía vivir
y así vivía
como nadie
pasaba por las cosas
sin la pretensión
de no ser
olvidada
y por lo tanto
nadie pudo.
Dulce destino
permanecer
donde a uno
nadie lo llama
Así, sin más,
En ese lugar
Precisamente.
LILIANA LUKIN
(Buenos Aires, 1951)
********
Oh, que todos se den aquí y no “en la eternidad, errando”...
Dejad que la gracia de la unidad como una savia
alce las ramas divergentes hacia el azul ligero,
aladas en su mismo destino...
Y así que todos aquí, aquí, cumplidos,
no olviden la raíz, una, profundísima,
abriendo todas las manos, oh, sí, todas las manos
sobre los fuegos alegres...
JUAN L. ORTIZ
(Gualeguay, E. Ríos,1896-Paraná, 1978)
********
Sobre la nuca apuntan
horrores del presente
que nos tiran de bruces a la calle.
Como inmenso murciélago hace sombra
toda aproximación al porvenir.
Y el dolor sin hogar busca refugio
(es un anciano sabio
y tembloroso).
Vamos igual
proyectos del verano
que el cuerpo pide mucho todavía.
VICENTE MULEIRO
(Buenos Aires, 1951)
********
La tortuga, el único animal para el que el agua
gotea espesa en los relojes milenarios
y va paso a paso acercándose a su origen,
a la piedra de su hemisferio, a la madera,
al nudoso tronco oriental en que su piel
se ha curtido por el lodo centenario.
La tortuga, prehistórico testigo que cruza
este suelo de arsénico, muda, sin albergue,
apergaminada como un patriarca bíblico. Su silencio
es su longevidad, su prudencia; su caparazón,
el futuro cuenco de los siglos venideros...
GUILLERMO PILÍA
(La Plata, 1958)
*************
Sé que has hecho de mí la realidad de tu sombra.
Lo sé y bebo a la salud de esa esperanza
de mi aventura de secundar tus gestos fáciles
tu verano cadencioso
tu alegría de ignorar la soledad que te evidencia.
Brindo ante todos mis amigos
y a tu recuerdo el vino pierde el equilibrio
porque nada resiste ni puede reemplazarte.
El horizonte estalla una traición amable
y el viento de mis costas se resiste y te nombra
OSVALDO ELLIFF
(Mercedes, 1934)
********
Cerámica del aire
y la distancia.
Armonía pulida
de la escarcha
en el alto paraíso
de la muerte.
Destino
de manos olvidadas.
Frutos ardientes
entre la creación
y el miedo.
Huacos
nacidos de la tierra;
celestiales
redentores
dulcemente
recatados
sobre el mundo.
NORMA PEREZ MARTÍN
(Buenos Aires, 1932)
********
Respirando el vaho acre
Y polvoriento de la derrota,
Arrojado del espacio, tendido
Para siempre con los ojos abiertos
Sobre el sudor del tiempo:
Ya no puedo entornarlos,
Ni agitar musicalmente bajo el sol
Los jirones horribles de la carne amada
O silbar idilios
Por al agujero de mi boca
A la putrefacción que los excede.
Ya no hay ruina
O desperdicio de esperanza
Que puede devolverme intacto el origen.
Ya no hay nada de mí
Ni agua para beber
Ni sombra donde dormir
Ni enigma con que reir:
El ojo abierto
Y la mente absorta
En la visión que la paraliza.
No recuerda, no olvida.
¿Llamaré, también yo, sabiduría
a la suma de sarcasmos
con que desprecio mi muerte?
RICARDO H- HERRERA
(Buenos Aires, 1949)
********
Bajo las líneas que aquí yacen
hay una criatura acostumbrada a combatir
contra el dolor, contra la muerte.
Tal vez por ello amó melodramas,
historias lamentables de sus contemporáneos,
con desesperación, como se dice.
Como un borracho lento caminó por las calles,
tambaleó sosteniendo el peso de la vida,
de su rostro sólo supo cómo ya no iba a ser.
Ese rostro besaba entre el oleaje de la noche.
JUAN GELMAN
(Buenos aires, 1930)
********
Esta moneda tiene el corazón de la noche.
Ese pájaro el rito del otoño.
Aquella piedra la fija luz del agua.
Este niño tiene a su madre muerta.
Esa jornada el desierto del pan.
Aquellas manos una bandera seca.
Y éstos, ésos y aquéllos forman el mundo
donde llueve un agua llena de secretos
relámpagos. Un día han de cansar al olvido,
y desenterrando las fuerzas, el pan
y la memoria, harán la patria de los hombres.
Será, sin duda, el domingo del mundo.
FRANCISCO TOMAT GUIDO
(25 de Mayo, Pcia. de Bs. Aires, 1922)
***********
Caes. Una campana estalla
en la cerámica de tus ojos.
Recojo las figuras de tu sombra
en la piedad del suelo
y te levanto interminablemente.
Podrán cargar mis brazos
tu garganta de álamo vacío,
la espuma que queda de tu grito?
Te vuelves más liviano a cada paso,
y desprendes vapores anochecidos
para formar un cielo sólo tuyo.
Tienes el peso de un madero
talado a mediodía,
y la forma ahuecada
de tu última respiración.
Invoco melancólicas blanduras
para envolverte,
vellones compasivos.
Ah, cómo extasía
tu resplandor de víctima!
En el tembladeral de tus ojos
ciegas inmolaciones se suceden,
L
la crueldad esparcida en la dulzura.
Ahora creces, tus límites deshaces
y siento que eres tú el que me lleva.
MARIA GRANATA
(Buenos Aires, 1920)
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